Editorial #194: Vocación

Borneros

 

“Inclinación o interés que una persona siente para dedicarse a una determinada forma de vida o un determinado trabajo”, dice en el diccionario español. También eran unas galletitas que comíamos en el colegio hace mucho tiempo cuando la cosa era distinta: cuando la sociedad se movía por distintos caminos que en la actualidad.
En algún momento de la historia de nuestro país la cosa cambió. Seguramente por la necesidad del mercado laboral, la vocación se transformó en la elección de un determinado trabajo o forma de vida por los ingresos que determinados oficios o profesiones otorgan.

Me acuerdo de ver amigos que, de un día para el otro, se metieron a la escuela de policía sólo por los sueldos y la obra social. Amigos que nunca imaginé ver de azul y gorra. Lo mismo pasó en el transporte cuando los choferes se vieron beneficiados por el sindicato y comenzaron a tener sueldos importantes. Sueldos que no se ganaban en otros oficios o profesiones.

Recuerdo encontrarme con un ingeniero mecánico que me dijo que, lo que ganó acá, no lo gano en ningún lado. Es así también que se le nota la falta de amor por el camión, la falta de códigos, y un montón de cosas que no están en su fibra íntima: se subió por el sueldo. Y dicen que muchos se subieron por la puerta del acompañante.

Recuerdo que en 5 año del colegio secundario (allá por 1985) nos hacían un test vocacional que nos marcaba una inclinación por lo social, el arte, profesiones más comunes (contador, abogado, analista de sistemas), el deporte y otras actividades. Nuestra “vocación” fue “modificándose” al ver que la maestra jardinera se moría de hambre y el arqueólogo tenía un kiosco de barrio.

El tiempo me demostró que, el que se dedicó a la política por vocación, hoy está más seco que mi amigo el policía. El que entró a la Vucetich por los sueldos y la obra social. Y me demostró también que, el que es policía por vocación, está ahí… peleando el descenso.

Cuando no hay vocación gana el oportunismo y aparecen las compras de comisarias, las zonas liberadas, los aprietes y la gente que sale a la calle pidiendo justicia. ¡Miren lo que pasa cuando no hay vocación! Y creo que la palabra “vocación” es más amplia aún en su significado.

El trabajo es una vocación que lleva dinero a los bolsillos, pero la búsqueda del dinero sin vocación es como ir por la banquina: se ve, se siente y no se puede ocultar. En tiempos de crisis, cuando hay que achicar empleados, primero vuelan los que nunca tuvieron vocación. No hay con que darle… Un viejo empresario me dijo una vez: “Esa pila de papeles son todos currículums de gente que quiere una ocupación. Quieren ocupar 8 horas de su día. Ninguno de los que están ahí, quieren un trabajo.”

¿Qué es lo que debo hacer como padre para que mis hijos en el futuro no estén en esa pila?

Fernando Canosa
fernando@elborne.com.ar