Un paisaje rural que se transforma en una trampa
Las rutas argentinas se convirtieron en escenarios cada vez más peligrosos: maquinaria agrícola de gran porte, camiones sobrecargados y un notable abandono de los controles suman tensión y riesgo en corredores viales ya colapsados y desgastados.
En la Ruta Provincial 30, entre Chivilcoy y Roque Pérez, la postal es clara. Si bien hay tramos breves con buen asfalto, señalización y banquinas firmes, rápidamente el panorama cambia. Se multiplican los cráteres, desaparecen las marcas viales y aparecen tractores que ocupan más de un carril. A este escenario se suma la ausencia casi total de fiscalización.

Durante una cobertura fotográfica reciente, dos camiones sobrepasaron a una cosechadora en plena curva y con doble línea amarilla. La maniobra, fue tan peligrosa como representativa de una situación generalizada: conductores que violan normas, vehículos que no deberían estar allí y rutas que ya no resisten más.
Qué dice la ley sobre la circulación de maquinaria agrícola por rutas
Según la normativa vigente —basada en la Ley 24.449 y el Decreto 32/2018— la maquinaria rural debe circular por caminos terciarios o auxiliares, siempre que estén en condiciones. Deberían transitar sólo de día, por la derecha, con luces, banderas, señalización adecuada, y con un vehículo guía en los casos donde el ancho del equipo obliga a invadir la calzada contraria.
Sin embargo, más del 80% de esos caminos rurales se vuelve intransitable tras lluvias o crecidas, obligando a los productores a tomar rutas pavimentadas con maquinaria que no fue diseñada para circular en ese entorno.
Caminos rurales colapsados: una deuda estructural
Argentina tiene cerca de 500.000 kilómetros de caminos rurales, de los cuales 120.000 corresponden a la provincia de Buenos Aires. Pero la falta de mantenimiento los convierte en verdaderas trampas de barro. “Cada año se pierde altura en la traza, los sistemas de alcantarillado son insuficientes y la erosión avanza”, explica el ingeniero Carlos Casali, miembro de la Asociación Argentina de Caminos Rurales Sustentables.
Esto empuja a que tractores, cosechadoras, sembradoras y tolvas salgan a rutas provinciales y nacionales, donde circulan a baja velocidad (20 km/h) sin la señalización correspondiente, generando congestión, sobrepasos imprudentes y, en muchos casos, siniestros viales graves.
El impacto en la seguridad vial y las rutas
La Dirección de Estadística Vial registró que entre 5 y 6 personas mueren por día en siniestros en rutas argentinas, y más del 50% de los accidentes fatales se produce en estos corredores, siendo las colisiones la causa principal.

Desde Vialidad Nacional reconocen que “las rutas no están diseñadas para maquinaria rural”, pero tampoco hay soluciones de fondo para los caminos terciarios que deberían recibir ese tránsito. El resultado es una mezcla explosiva: maquinaria fuera de norma, rutas colapsadas y escaso control estatal.
Una problemática de las rutas que exige respuestas
Sin inversión en caminos rurales, sin controles efectivos y con una red vial nacional cada vez más deteriorada, los actores del agro y del transporte están obligados a improvisar. Y esa improvisación, en rutas sin banquinas ni señalización, cuesta vidas.
Desde El Borne nos sumamos al pedido de muchos especialistas: es urgente actualizar los criterios de circulación rural, modernizar el mantenimiento de caminos de tierra y reforzar los controles en rutas nacionales. La seguridad vial no puede seguir dependiendo del azar o de maniobras temerarias.

















