Un estudio elaborado por la abogada Valeria Pardo y el economista Jorge Sánchez analiza la escasez de conductores de camiones como un fenómeno estructural, no coyuntural, que afecta a todo el mundo. La Argentina comparte las causas globales, pero todavía tiene margen para evitar una crisis crítica.
La falta de choferes de camión dejó de ser un problema pasajero para convertirse en una restricción estructural del transporte carretero a nivel mundial. Así lo plantea un informe elaborado por la abogada Valeria Pardo, asesora legal de FeTrA, y el economista Jorge Sánchez, docente e investigador del Instituto de Transporte de la UNSAM, publicado en junio de 2026.
No es (solo) un problema de salarios
Uno de los hallazgos centrales del informe desmonta una idea instalada: que basta con pagar mejor para resolver la escasez. El caso testigo es Estados Unidos, donde en 2021 el entonces presidente Joe Biden afirmó que la solución era simplemente “pagarles más”. Según el informe, la evidencia muestra algo distinto: la rotación anual en las grandes empresas de larga distancia supera el 90%, lo que significa que de cada diez choferes contratados, nueve abandonan antes de cumplir un año.
Las causas, según los autores, van más allá del sueldo: horas de espera no remuneradas en los centros de carga y descarga (entre 11 y 20 horas semanales sin pago), falta de lugares seguros para pasar la noche y ausencia de servicios básicos como baños o duchas en los centros logísticos.
Un fenómeno global, con epicentros distintos
El informe recorre la situación región por región. Europa enfrenta el escenario más crítico, con un tercio de sus choferes mayores de 55 años y apenas un 5% menor de 25. Estados Unidos y Canadá muestran un perfil similar, con una edad promedio de 46 años. En el otro extremo, China tiene la fuerza laboral más joven del sector, con un promedio de 38 años.
En América Latina, el fenómeno se combina con problemas propios: informalidad laboral, inseguridad en las rutas y falta de infraestructura de apoyo para los conductores. En el caso argentino, los autores destacan que la edad promedio de los choferes es relativamente baja en comparación internacional (solo el 16% supera los 55 años), pero advierten que la tendencia apunta en la misma dirección que el resto del mundo.
La brecha de género, un dato que llama la atención
El informe pone el foco en la participación femenina en el sector: a nivel global, las mujeres representan apenas el 6% de los conductores de carga, pero en Argentina ese número cae a un 0,5%, uno de los más bajos del mundo. Iniciativas privadas como el programa “Conductoras” de Scania y FPT, o “Primera Marcha” de ISITRANS —que capacitó a más de cien mujeres entre 2025 y 2026 junto a la Universidad del Gran Rosario—, buscan revertir esa tendencia, aunque el informe advierte que la capacitación sola no alcanza: la exigencia de experiencia previa sigue siendo una barrera de ingreso difícil de sortear para quienes recién empiezan.
Lo que se está haciendo en el mundo (y lo que falta en Argentina)
El informe identifica cuatro líneas de acción que distintos países vienen aplicando: reducir las barreras de acceso a la profesión, mejorar las condiciones laborales, incorporar grupos subrepresentados (mujeres y jóvenes) y abrir canales de migración laboral regulada.
Francia destinó 600 millones de euros para formar nuevos conductores; Portugal prohibió que los choferes hagan tareas de carga y descarga; España ofrece subsidios para obtener la licencia de carga pesada. En Argentina, en cambio, los autores señalan que las respuestas vienen principalmente de gremios, cámaras empresarias y algunos gobiernos provinciales, mientras el Estado nacional permanece ausente de una estrategia integral.
Un dato relevante: las reformas regulatorias de 2025 que unificaron la licencia profesional con la Licencia Nacional de Conducir (LNC) simplificaron el acceso a la actividad en el país, donde el costo total de habilitación (entre USD 300 y 400) resulta significativamente menor que en Europa, donde puede superar los 1.400 euros.
La conclusión: no hay una solución única
El informe cierra con un mensaje claro: ninguna medida aislada alcanza para resolver el problema. Como sintetiza Raluca Marian, directora de Advocacy de la IRU en la UE, citada en el estudio, hace falta actuar simultáneamente sobre el acceso a la profesión, las condiciones laborales, la incorporación de nuevos perfiles y la migración calificada.
Para la Argentina, los autores son optimistas con matices: el país comparte los factores estructurales de la crisis global —envejecimiento, baja participación femenina, fuga de conductores hacia mercados como España y Chile—, pero todavía tiene margen para anticiparse antes de que la escasez alcance niveles críticos, si se adoptan políticas proactivas en el corto plazo.